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Tan cercanos y distantes, siempre rodeados de aduladores y avivatos, viven en una burbuja llena de espejos, aceptan solo lisonjas, ninguna crítica, deambulan por la espesa bruma municipal supervisando nada, porque simplemente no tienen idea de lo que pasa en sus cabildos, más aún, ni sospechan siquiera, las oscuras intenciones de sus círculos “intimos” y mandos medios que, en muchos casos, no todos, están ahí para complacer a la máxima autoridad, siempre y cuando nadie toque su metro cuadrado de “gestión”.
Siempre vanagloriándose de servir al pueblo, hacen poca cosa para unos y nada para muchos, son selectivos en las intervenciones, no reparan en que son elegidos para hacer una labor colectiva que debe ser priorizada. Se decantan por el cálculo electoral, se adjudican obras ajenas a sabiendas de las competencias del gobierno central, actúan como pastores de un rebaño que confía, temporalmente, en ellos.
En Quito, con habilidad y retórica, se vende humo (elemento rutinario en las calles de la capital) a través de una verborrea sin fin, Pabel Muñoz ocupado en lo insustancial, se desentiende de lo importante, se inventa tradiciones y modifica el canto del himno, actor en la campaña, ordena, amenaza y pretende sancionar a sus contrarios que hacen propaganda en los mercados, sigue, a pie juntillas, la agenda dictada por el “proyecto” que no pasa de ser la recopilación de sueños del prófugo y el preso.
En Guayaquil, el tema no es muy diferente, la ciudad abandonada en los sectores más neurálgicos, ha vuelto al desorden de otros tiempos, la coordinación institucional para la seguridad es nula, al parecer a Aquiles Alvarez no le duele la ciudad ni su gente, solo su bolsillo, concentrado en demostrar su “hombría” al mas puro estilo de los trolls, con el aditamento de su gran capacidad para el insulto y la pelea callejera, ha sido calificado, con justeza, como “matón de twitter”, mientras tanto, la Perla sigue sumergida en un marasmo donde hay de todo, menos servicios básicos.
Así, nos podríamos adentrar en los innumerables líos y entuertos en los que se encuentran muchos burgomaestres, Cristian Zamora en Cuenca transita en medio de la prepotencia e intolerancia, acusado de autoritario no ha cumplido sus ofertas; John Vinueza en Riobamba sucumbe en una pugna de todos contra todos, todos hablan mal de los otros y al parecer todos tienen razón; en Machala, Darío Macas ha sido cuestionado por el exagerado uso de fondos públicos para la contratación de artistas, seguramente confiado en que el pan y el circo, da réditos y popularidad; Franco Quezada en Loja, criticado por la ambigüedad de sus propuestas, enfrenta el reto personal de saber si es capaz o no…aquí no acaba la lista, empieza un largo etcétera, que tiene en seria crisis a los sectores urbano y rural.
En los cantones pequeños, pero no por ello menos importantes, la situación no es mejor, se reproducen las malas prácticas administrativas a diestra y siniestra, falta innovación, transparencia, diligencia, en medio de discursos de odio y un seudo liderazgo irrespetuoso con su propia gente, a quienes movilizan para demostrar fuerza y respaldo popular, pensando que son inamovibles, engañados por su círculo y sus gestores políticos, “se dejan” imponer nombramientos y necesidades, sin darse cuenta que están siendo utilizados de manera infame por los sabidos de turno.
En fin, la corrupción campea en muchos gobiernos locales, nadie toma en cuenta que la legalidad y buen uso de los recursos públicos son el pilar fundamental de la gestión y del bienestar, inclusive de las propias familias de las autoridades, violentar la legalidad, por acción u omisión, les hará caer como los ídolos de barro que son, menos mal hay 7 años para recopilar, procesar y denunciar las trafasías y negligencias. Solo es cuestión de tiempo…



