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Brenda Cedeño, Dra. Docente Enfermería UIDE Guayaquil
Guayaquil .- Una revisión publicada en Sanum informó que cerca del 50 % de los deportistas de élite presenta trastornos de salud mental, con prevalencias de ansiedad (56 %) y depresión (48 %), superiores a las observadas en la población general (Hermoso García et al., 2024). Además, el sobreentrenamiento constituye uno de los principales factores de riesgo, presente hasta en el 60 % de los casos. Estos datos evidencian que el alto rendimiento, aunque representa el máximo desarrollo físico, también puede comprometer la salud cuando las exigencias superan la capacidad de adaptación del organismo.
Cuando el cuerpo deja de recuperarse
El síndrome de sobreentrenamiento aparece cuando la carga física excede de manera prolongada la capacidad de recuperación. Sus manifestaciones incluyen fatiga persistente, trastornos del sueño, disminución del rendimiento, alteraciones cardiovasculares, lesiones recurrentes y mayor susceptibilidad a infecciones. En deportistas jóvenes, la búsqueda constante de mejores resultados favorece que las señales de alarma sean ignoradas, incrementando el riesgo de alteraciones hormonales e inmunológicas (Clínica Universidad de Navarra, 2025). La evidencia demuestra que entrenar más no siempre significa rendir mejor; sin recuperación adecuada, el entrenamiento deja de ser un estímulo beneficioso y se convierte en un factor de enfermedad.
“El rendimiento sostenible depende tanto del entrenamiento como de la recuperación.”
Talento y entrenamiento: una relación inseparable
La genética influye en el desempeño deportivo mediante variantes como ACTN3 y ACE, relacionadas con la potencia y la resistencia (Ferreira et al., 2024). Sin embargo, disponer de un perfil genético favorable no evita las consecuencias del entrenamiento excesivo. Un estudio realizado en futbolistas profesionales mostró que ningún genotipo elimina el riesgo de lesiones cuando las cargas superan la capacidad de adaptación del organismo (Del Coso et al., 2024). En consecuencia, el talento representa una ventaja inicial, pero no reemplaza la planificación del entrenamiento, el descanso ni el seguimiento médico.
En Ecuador, el Plan de Alto Rendimiento reconoce la salud mental como un componente esencial del desarrollo deportivo, promoviendo un abordaje integral que incluya el trabajo coordinado de entrenadores y profesionales de la salud (Ministerio del Deporte del Ecuador, 2022). En este contexto, la enfermería desempeña un papel clave en la identificación temprana del sobreentrenamiento, la educación para el autocuidado y la prevención de complicaciones.
El éxito deportivo no debería medirse únicamente por las medallas obtenidas, sino también por la capacidad de preservar la salud física y mental del atleta. Alcanzar un alto rendimiento exige equilibrio entre talento, entrenamiento, recuperación y atención interdisciplinaria. El debate entre talento natural y entrenamiento extremo pierde sentido si se plantea como una disyuntiva. Ambos factores conviven, pero ninguno protege por sí solo la salud del deportista. El reto para el sistema deportivo ecuatoriano, y para el personal de salud que lo acompaña, es dejar de medir el éxito únicamente en podios y comenzar a medirlo también en cuerpos y mentes que llegan sanos al final de la carrera.




