La reaparición del sarampión en la Región de las Américas es hoy una de las
amenazas más importantes para la salud pública, y un llamado urgente a reforzar la
vigilancia, la vacunación y la cooperación entre países.
Luego de más de dos décadas sin transmisión en Ecuador y más de cinco años desde
que la Región fue declarada libre de la enfermedad, los nuevos brotes y su
reintroducción sostenida han modificado de forma significativa el escenario
epidemiológico. Esta nueva realidad exige respuestas rápidas, basadas en evidencia,
y un renovado compromiso de toda la sociedad para recuperar el estatus alcanzado.
En noviembre de 2025, la Comisión Regional de Monitoreo y Reverificación confirmó
que las Américas habían perdido el estatus de eliminación del sarampión, luego de
documentarse la circulación endémica de una misma cepa por más de 12 meses en
Canadá. Este actual desafío para toda la Región -que durante décadas fue ejemplo
mundial en el control del sarampión gracias a la vacunación masiva y a los altos
niveles de inmunidad poblacional – incluye al menos a otros trece países que han
notificado brotes o casos importados. Canadá, Estados Unidos y México concentran
una parte sustancial de la transmisión reciente.
Este contexto adquiere especial relevancia para el país por la proximidad de la Copa
Mundial de Fútbol, evento de gran escala y movilidad internacional a la que asistirán
cientos de ecuatorianos. Esta dinámica aumenta el riesgo de importación del virus,
especialmente si existen brechas de vacunación en la población.
El sarampión no solo es prevenible: es también una de las enfermedades más
contagiosas que se conocen. Su capacidad de transmisión se explica en parte por su
mecanismo de diseminación —gotas respiratorias y aerosoles que pueden
permanecer en el aire hasta dos horas— y por su periodo infeccioso, que inicia días
antes de la aparición del exantema (erupción cutánea).
La forma más reconocida de medir la capacidad de contagio de un virus es el número
reproductivo básico o índice Ro, que indica cuántas personas puede contagiar, en
promedio, un caso primario. Mientras que el SARS-CoV-2, responsable de la
pandemia de COVID-19, presentó un Ro estimado entre 2 y 4, el sarampión exhibe un
Ro de contagio de entre 16 y 18 personas. Esto significa que un caso importado que
no sea detectado ni aislado oportunamente puede generar rápidamente un brote,
especialmente si encuentra población susceptible.
La enfermedad puede ser grave. Aunque la mayoría de los casos presenta un curso
clínico leve, alrededor del 30% desarrolla complicaciones como otitis media,
neumonía, diarrea o laringotraqueobronquitis. En niños pequeños, gestantes y
personas inmunocomprometidas, el riesgo aumenta considerablemente. Además, la
infección por sarampión genera un fenómeno conocido como “amnesia
inmunológica”, que reduce temporalmente la capacidad del sistema inmunitario para
recordar y responder a otros patógenos, aumentando la vulnerabilidad a diversas
enfermedades por meses e incluso años.
Frente a esta amenaza regional, la Organización Panamericana de la
Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) ha emitido múltiples
recomendaciones destinadas a mitigar los riesgos en países con y sin brotes activos.
Para Ecuador, la prioridad es fortalecer las coberturas de vacunación, intensificar la
vigilancia epidemiológica y asegurar una capacidad de respuesta rápida ante
cualquier caso sospechoso o importado.
La OPS recomienda también que toda persona que viaje a zonas con transmisión
confirmada revise su estado de vacunación. Los adultos deben contar con al menos
una dosis de vacuna, mientras que niñas y niños deben haber recibido dos dosis de
según el esquema nacional. Los niños entre 6 y 11 meses que viajen a países con
casos deben recibir una dosis “cero”, que no reemplaza las del esquema regular.
Asimismo, cualquier viajero que presente fiebre y erupción cutánea debe usar
mascarilla, evitar el contacto con otras personas y buscar atención médica
inmediata, informando sobre su historial de viaje.
La herramienta más efectiva para prevenir brotes sigue siendo la vacunación.
Ecuador cuenta con vacunas seguras, eficaces y de alta calidad gracias al Fondo
Rotatorio de la OPS, que garantiza el acceso equitativo a biológicos precalificados por
la OMS y adquiridos a precios competitivos. Este mecanismo regional, con más de
cuatro décadas de funcionamiento, ha sido fundamental para sostener los logros en
inmunización y continúa siendo una pieza clave para proteger a la población.
Mantener a Ecuador libre de sarampión es una responsabilidad compartida. Los
esfuerzos del Ministerio de Salud Pública (MSP), sumados a las acciones de cada
persona y al acompañamiento técnico de la OPS, permitirán reducir el riesgo de
reintroducción y asegurar que la salud de la población siga siendo una prioridad. Para
ello, se dispone de una de las intervenciones más altamente efectivas: la vacunación,
que tiene el mayor impacto en la interrupción de la transmisión de la enfermedad.




