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En las últimas semanas, las redes sociales se han inundado de contenido generado por los equipos de los dos candidatos presidenciales en Ecuador. Sin embargo, lejos de ser un espacio de debate propositivo, lo que predomina es una guerra de descalificaciones, memes y mensajes vacíos que poco aportan a la decisión de un electorado cada vez más desencantado. En lugar de presentar propuestas claras o planes de gobierno detallados, ambos aspirantes han optado por una estrategia digital basada en el entretenimiento, el ataque al rival y la superficialidad, dejando a los votantes indecisos sin herramientas para tomar una decisión informada.
El circo digital: estilo sobre sustancia
Basta con revisar las cuentas oficiales de los candidatos para notar un patrón preocupante: la mayoría de las publicaciones son videos cortos, imágenes con frases genéricas o reacciones a declaraciones del contrincante. Hay un exceso de marketing político y una ausencia total de contenido sustancial. En lugar de explicar cómo resolverán problemas urgentes como la inseguridad, el desempleo o la crisis fiscal, prefieren generar polémicas intrascendentes o apelar al emocionalismo con eslóganes vacíos.
Este enfoque refleja una campaña pensada para captar likes, no votos conscientes. Los equipos de comunicación priorizan la viralidad por encima de la pedagogía política, como si ganar tendencias en Twitter o TikTok fuera sinónimo de ganar las elecciones. Peor aún, este fenómeno no solo no informa, sino que contribuye a la polarización, pues el discurso se reduce a “el otro es peor” en lugar de “yo tengo la mejor solución”.
Los indecisos: abandonados por la falta de información.
Según las últimas encuestas, un porcentaje significativo de ecuatorianos aún no decide su voto. Esto no es casualidad: cuando las campañas se centran en ataques y espectáculo, y no en planes concretos, los ciudadanos no tienen cómo evaluar a los candidatos más allá de su imagen pública.
En otros países, los debates digitales o las transmisiones en vivo son usados para explicar propuestas técnicas. En Ecuador, en cambio, los candidatos prefieren evitar el escrutinio detallado. No hay espacios donde se les cuestione con profundidad, ni documentos accesibles que detallen sus programas. Las pocas veces que mencionan alguna medida, lo hacen de manera vaga, sin cifras, plazos o metodologías claras. ¿Cómo puede un votante indeciso elegir si no sabe realmente qué ofrece cada uno?
El control electoral: una asignatura pendiente
Otro problema grave es la falta de transparencia en el gasto y la estrategia digital. A diferencia de la publicidad en medios tradicionales (televisión, radio), las redes sociales operan en una zona gris donde no hay un control efectivo sobre el dinero invertido, la procedencia de los recursos o incluso la veracidad del contenido.
¿Cuánto están gastando los candidatos en ads en Facebook o Instagram? ¿Quiénes están detrás de las cuentas que difunden noticias falsas? ¿Existe coordinación entre sus equipos y cuentas afines para manipular tendencias? El Consejo Nacional Electoral (CNE) no ha demostrado capacidad para fiscalizar este aspecto clave de la contienda, dejando la puerta abierta a posibles irregularidades.
La democracia merece más que memes
Las campañas digitales en Ecuador han caído en un juego peligroso: creen que ganarán con engagement, no con ideas. Pero las redes sociales no deberían ser solo un escenario de batallas mediáticas, sino una herramienta para educar, informar y facilitar el debate.
Los votantes indecisos no necesitan más eslóganes o videos editados, sino propuestas claras, datos verificables y la seguridad de que su voto será por un proyecto real, no por una ilusión de marketing. Si los candidatos no rectifican su estrategia y el CNE no ejerce un control riguroso, estas elecciones pasarán a la historia como las del espectáculo vacío, no las del futuro del país.
Patricia Hidalgo.




